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Tuesday, April 03, 2007

DISFRAZ


Y entonces pedí un pedazo de ti, mientras callado suspiré el olor a mar
No era necesario saber cuántos granos de arena había en mis pies, puesto que incluso ellos...
Al momento, el golpe de las olas clamaban cierto aire de grandeza
¿Cada cuánto hay luna llena?

Midiendo fuerzas es como empieza la mañana
Te veo disfrazada de agua y sol, calla...
Sólo es cuestión de hilar pensamientos, y ya

Como si fuera el hoy, pero pintado de ayer, ¿o de mañana?
Mientras la irreverencia se apodera del cuerpo, la sobriedad brinca hacia la cabeza

Espía, verifica. El efecto es duradero y... ¿Qué hay detrás del sol?

Friday, February 02, 2007

PENSAMIENTOS ONÍRICOS (QUINTA Y ÚLTIMA ENTREGA)

*Ahora sí puntual la quinta y última entrega, jaja, al menos al final!!!*
Casi en un santiamén le fue alcanzado un vaso de vidrio con dos hielos, en el cual aparentemente había whisky y Salvador tenía otro igual. Comenzaron a charlar tranquilamente y una vez más le cuestionó si aún no recordaba nada, respondiendo la chica que en verdad no recordaba qué había pasado, pero le agradecía todo lo que estaba haciendo por ella.

Después de soltar tremenda carcajada, vació el vaso de whisky en su boca de un gran trago y regresándolo, escuchándose el tintineo de los hielos, lo posó sobre la mesa. Se limpió los labios con un pañuelo blanco que sacó de la bolsa izquierda del pantalón y lo aventó, cayendo al lado del vaso. Mientras tanto, ella le dio un ligero trago al vaso, como expresando miedo.

El licenciado Salvador Duarte, que tenía toda la intención de ayudar a Sofía en su infortunio se puso de pie, metió las manos en las bolsas y la miró por un instante sin expresión alguna, ella solamente le veía como en espera de que dijera algo.

Nuevamente Duarte se rió ruidosamente y se llevó una mano a la barbilla, acariciándosela. La cara de la joven Rivas era de desconcierto. Se dirigió hacia ella diciéndole “sabes una cosa, ya me harté”, “¿De qué me habla señor?”, respondió en tono incierto.

“Me he portado muy buena gente contigo, te he traído a mi casa, te ofrezco mi ayuda y tú no respondes a esto, y sabes qué, yo no soy ningún primo y nunca nadie me ha hecho parecerlo, tú no vas a ser la primera”. Se hundió en el sillón en el que estaba sentada, aterrada por el cambio de actitud de quien hasta hace unos minutos, parecía toda bondad.

Continuó Salvador mientras avanzaba hasta donde ella “...ya fue suficiente de que finjas, conmigo no intentes hacerte la mosquita muerta”. Se abalanzó sobre ella e intentó besarla, ella se esforzaba por quitárselo de encima, mientras él le arrancó los botones de la blusa y siguió tratando de besarla bruscamente.

De pronto, el vaso que tenía aún en la mano, lo estrelló en la cara de Salvador, golpeándolo en el ojo derecho, el que comenzó a sangrar y se desvaneció cayendo a un costado de la mesa de centro. Corrió inmediatamente a la puerta, pero no pudo salir debido a que se necesitaba la misma tarjeta con la que se abría la puerta.

Fue a donde estaba tirado y revisó sus bolsillos, encontrándola en el derecho. De nuevo se dirigió a la puerta y consiguió abrirla. Bajó por el elevador y para salir tuvo que inventarle al portero que tenía una urgencia y que había dejado al licenciado Duarte en su departamento. El portero la dejó salir y comenzó a correr por la calle sin rumbo fijo.

Mientras corría iba pensando “maldita sea, quisiera olvidar esto que viví. Por favor Dios mío, que olvide esto, por favor, así como olvidé todo lo anterior, quisiera olvidar esto”.

Corrió aproximadamente cinco minutos, vio un centro comercial y entró en este, llorando y agotada por el esfuerzo que hizo al tratar de quitarse a Duarte y por correr tan a prisa.

Entró a este centro comercial, se sentó en una banca y después de llorar por un largo rato, repitió que quería olvidarse de todo, no quería recordar nada, miró su reloj, que marcaba las 6:35pm, es decir, poco más de dos horas desde que se despertó en aquél parque cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás.

Despertó en el centro comercial, Sofía efectivamente no recordaba nada, no sabía cómo es que había llegado ahí, ni quién era.

Miró su reloj, eran las 7:25pm. Pidió ayuda a dos extraños que pasaban con una bolsa de palomitas, tal vez salían del cine de la plaza, pero tales personas no le hicieron caso.

Se acercó un hombre de traje azul, aparentemente de unos 33 años, se veía amigable. Se acercó a la joven que se podía apreciar, estaba en problemas. “¿Te puedo ayudar en algo?”, la chica lo observó y le pareció familiar, pero era imposible, ya que no recordaba nada.

El hombre, con un parche en el ojo derecho, preguntó una vez más, a lo que Sofía respondió que sí, que no recordaba nada. Él, con buenas intenciones, le dijo, “ven conmigo, te ayudaré, no puedes estar aquí” y se puso de pie, la tomó del brazo y se fueron caminando hasta desaparecerse un poco más allá de la salida del centro comercial.


******************************************
El gerente, la mesera, Salvador y el médico con el que tenía convenio el restaurante trataban de reanimar a la joven Sofía. Después de los esfuerzos, que a decir del gerente fueron bastantes (este tipo era una persona muy exagerada) y como el médico recién llegaba, analizó la situación y dijo lo contrario, que no había ninguna complicación, únicamente se trataba de un ligero desmayo y que con descanso se podría reponer la paciente.

El reloj del restaurante, marcaba las 4:15pm, es decir, la joven se “ausentó” únicamente por tres minutos y el médico no tardó tanto en llegar al lugar, por lo que representa una buena elección.

Al momento en que esos ojos color miel, que en ese momento estaban totalmente diferentes a los de hacía unos momentos, lograron abrir sus puertas y dieron paso a las figuras y formas del mundo real, la primera imagen que pudo percibir fue la del médico guardando sus instrumentos en el maletín negro que cargaba y quitándose el estetoscopio con un gesto de molestia, como si hubiera sido en vano su visita . Miró a las demás personas como si fuera un desfile y vio a Raquel, la mesera que le había atendido, mantenía el mismo gesto que siempre; al gerente, que llevaba puesto un traje gris y aquél gafete que decía su nombre y más abajo “¡Estoy para servirle!”, un poco despeinado y finalmente miró al Licenciado Salvador Duarte, con cara de extrañeza, miedo, terror y sin entender en ese instante y tal vez nunca sabrán ni Sofía ni Salvador realmente qué fue lo que pasó.
*Esta historia llega a su fin, espero les haya gustado y agradezco sus valiosos comentarios e invito a quien aún no ha comentado, que pueden hacerlo directamente a mi mail, dando click en el "sobrecito". Gracias!!!*

Saturday, January 27, 2007

PENSAMIENTOS ONÍRICOS (CUARTA ENTREGA)

*Continuación de la entrega anterior*

Cruzaron la calle una vez que el semáforo cambió del color ámbar al rojo y se dirigieron al estacionamiento de un lujoso restaurante, situado a una calle del parque, caminaron en línea recta hasta encontrar un auto digno de aquél lugar, un Jaguar X-Type que tenía un color como el de la plata y en perfectas condiciones, dando la impresión de ser absolutamente recién comprado.

Salvador se quitó el saco y le abrió la puerta a Sofía “¿al menos puedes decirme en dónde estoy y cómo es que me vas a ayudar?”, se dirigió a aquél hombre elegante, quien le respondió “ya te dije que no te preocupes pequeña, confía en mí, ¡ah! y me preguntaste que en dónde estamos ¿verdad?, pues estamos en la ciudad de México, entra y descansa mientras llegamos a mi departamento”. Dicho esto, la joven ingresó al auto, percibiendo el olor a piel que desprendían sus asientos color gris Oxford y oír el ruido del choque de la puerta al cerrarse, se reclinó en el asiento y aguardó a que Salvador subiera también al Jaguar.

Se abrió la puerta del conductor y las mismas manos que la habían ayudado, colocaron el saco azul en la parte trasera del auto, al mismo tiempo que el hombre se subió y encendió el potente motor, que, en conjunto se encendió de igual forma el estéreo. La joven pegó un salto debido al volumen alto de la música, mientras que él solamente esbozo una sonrisa como de un niño después de hacer una travesura y desde el volante bajó la intensidad del volumen de “A Day in the Life”, interpretada por el cuarteto de Liverpool.

Durante el trayecto, con rumbo desconocido para ella, pero por de más conocido para él, conversaron acerca de lo que sentía en aquellos momentos Sofía. Salvador le preguntó si era verdad que no recordaba nada en absoluto y ella confirmó dicho cuestionamiento, pero francamente, él no creía lo que escuchaba, pensaba que cómo era posible que alguien que no recordara nada se fuera a la primera oportunidad con cualquier extraño.

Ella preguntó el nombre del conductor, quien le respondió amablemente, “Salvador Duarte”, y como si estuviera corrigiendo algo que no le gusta agregó “Licenciado Salvador Duarte”, y tal pareciera que sometía a prueba a la chica de nariz fina, preguntó el de ella de manera rápida y sin tomarle importancia para ver si en verdad no recordaba ni eso. El cabello negro cayó hacia atrás ayudado por la mano derecha de la joven, en la que portaba un brazalete de oro y contestó “creo que ya le dije que no recuerdo nada, nada, es una pena, pero ni de mi nombre me acuerdo, ni mi edad…”. Pareció creerle el licenciado y prefirió olvidarse del asunto, mientras la invitó a reclinar el asiento hacia atrás para que descansara un poco en lo que llegaban a su destino, pero antes de aceptar, le hizo un nuevo cuestionamiento “…y ¿por qué me lleva a su casa?, ¿cómo me va a ayudar ahí?”, respondió casi de inmediato él “te repito una vez más que no te preocupes, pero si eres muy curiosa entonces tendré que decírtelo, en mi casa podrás quedarte y descansar hasta que recuerdes qué sucedió, te prestaré ropa de mi hermana para que te cambies, quien por ahora se fue a estudiar a Francia, y podrás estar ahí el tiempo que quieras, bueno, ahora que ya te dije lo que querías saber, ya descansa y cuando lleguemos te despierto”, “está bien” asintió y quedó dormitando sobre el cómodo asiento de piel, arrullándola el leve sonido que dejaban escapar las bocinas y el imperceptible ruido del motor. Verificó el licenciado Duarte que estuviera dormida.

El semáforo se puso en rojo y detuvo el auto detrás de un camión de pasajeros, esto le dio un minuto de aparente calma y permitió pensar sobre lo que haría para ayudar a aquella mujer tan misteriosa.

Surgieron varias opciones, entre las que se estaban la de una vez que descansara, si aún no lograba recuperar la memoria, llevarla con su amigo, Luis Campos, neurólogo de profesión, para que la examinase, otra era dar parte a alguna agencia de policía por si alguien la estaba buscando y la última llamar al servicio de búsqueda de personas (locatel) y dar sus características físicas, en fin, lo que menos quería era meterse en un problema y menos de esa índole.

Una colonia exclusiva de la Ciudad de México era el escenario donde, en un edificio de lo más moderno que se puede encontrar en este misma colonia se situaba el departamento de Duarte, abrió el portón negro y grande del garage con el control que se hallaba colocado en la visera del auto, lo introdujo y una vez apagado el motor, despertó con cuidado a Sofía, diciéndole que habían llegado, que descendiera.

Las puertas se escucharon al cerrarse, caminaron ambos por el estacionamiento del edificio y entraron al mismo después de abrirse automáticamente la puerta de vidrio tallado con filos de oro, donde los recibió un pasillo elegante, alfombrado en color gris rata, y en el techo colgaba una lámpara que daba el aspecto de ser moderna y un tanto cara. Vieron a un señor de unos cuarenta años que portaba un uniforme color guinda, era el portero del lugar, Javier, quien respetaba a los habitantes y tenía bien vigilado el sitio, quien les saludó amablemente y le entregó un sobre, aparentemente del banco a Salvador.

Continuaron caminando y al final del pasillo se encontraba el elevador, el cual, a diferencia de los ordinarios, éste tenía un mecanismo especial, que detectaba todo tipo de armas, entre otras cuestiones, entraron en este y marcó Duarte el piso 3, donde se encontraba su departamento, el 304; en cada piso únicamente había cuatro departamentos. Se abrió la puerta del elevador y se dirigieron al final del pasillo.

La puerta de entrada, color café oscuro, tenía un 304 en un recuadro digital negro con los números verdes, no tenía manija visible para ser abierta, únicamente se podía observar una pequeña ranura, por la que introdujo el hombre una tarjeta plateada con azul que poseía un chip con la contraseña para que pudiera ser abierta después de reconocerla y escucharse un tono de aceptación.

Entraron al departamento y la luz del pequeño pasillo se encendió automáticamente al tiempo que pusieron un pie en él; lo mismo ocurrió con la sala, en donde se podían apreciar tres sillones color crema con las patas en color madera, muy tenue, una mesa de centro rectangular con vidrio en medio y madera del color de las patas de los sillones. Un equipo de sonido que parecía muy potente se situaba al fondo, incrustado en la pared y justo en la pared de frente a esta, una pecera iluminada en color azul, lo que daba una perfecta armonía para descansar y pasar un buen rato en este lugar.

Invitó a Sofía a sentarse, mientras le ofrecía algo de tomar, al mismo momento que encendía el equipo de audio. La joven, aún desconcertada miraba con extrañeza la morada.

*Ahora sí la próxima semana puntual la entrega, jaja*

Tuesday, January 02, 2007

PENSAMIENTOS ONÍRICOS (TERCERA ENTREGA)

*Continuación de la entrega anterior*

Posiblemente nadie de la “ciudad”, como ella decía, podría comprender la conducta y la actitud tan extrañas que decidió tomar, ya que en la “ciudad” habita una cantidad enorme de personas y no es extraño que de vez en cuando alguien te observe del modo en que Salvador lo hizo, pero aparte de que no estaba acostumbrada a esto, había algo más que le hacía sentir lo que en ese momento, tal vez esa presencia un poco seria e imponente, sólo ella lo sabría. Parecería a cualquier persona que leyera esto, una exageración por lo que atravesaba la chica guapa y que solamente era cuestión mental, pero estoy seguro que si alguien hubiera visto el estado en el que se encontraba, se convencería de que necesitaba ayuda urgente.

Una vez que le dio el último trago al café, un poco amargo y ya frío, se puso de pie y con pasos seguros se dirigió hacia aquella mesa, hasta ese momento desconocida y encerrada en misterio, pero que muy pronto sería descubierta. El trayecto le pareció largo, pero no incómodo, sino como cuando el torero hace su presentación en el ruedo, ante el público que acudió a verlo y parte plaza lleno de júbilo y deseos de que llegue el momento de enfrentar al toro.

Sofía, entretanto, al ver venir a aquél hombre hacia su mesa, se sintió como si algo le oprimiera la cabeza, sintió angustia, tal vez estúpida, pero ahí estaba y era lo que sentía.

De pronto, le aquejó un dolor en la parte frontal de la cabeza que fue agudizándose cada vez más mientras veía aproximándose al hombre del traje azul marino, hasta que no pudo sostener más la cabeza y repentinamente golpeó la mesa de manera brusca, amortiguando únicamente con la revista que había estado leyendo minutos antes. Salvador, quien ya casi estaba por llegar a la mesa y ya se sentía charlando con la joven, apresuró el paso al ver aquél cuadro un tanto patético.

Mientras pedía ayuda a las meseras, tomó en sus manos a la chica, pero no sintió lo que debiera sentir si esto no hubiera pasado, se veía confundido, tratando de reanimarla; llegaron una mesera y el gerente del lugar, quien según decía, sabía de primeros auxilios, quizá en este momento era cuando el gafete con su nombre y debajo de este rezaba “¡Estoy para servirle!”, comenzaba a tener algún sentido, además ya había ordenado a la cajera a telefonear al médico con el que se tenía un convenio y quien tenía su consultorio muy cerca...

*******************
El cantar de los pájaros se escucha como si fuera primavera, como una mañana fresca, pero se perciben de una manera muy lejana. Una banca verde de cemento, perteneciente a un parque, es ocupada como asiento por Sofía, quien despierta y ve a un par de niños jugando con una pelota, gira un poco más y observa a una pareja de enamorados alejándose tomados de la mano por aquél parque.

De pronto, cae en la cuenta que es un lugar desconocido, se endereza un poco exaltada y casi a sus pies encuentra un trozo de espejo roto, el cual tenía la forma parecida a un triángulo un tanto bizarro. Dicho espejo lo toma y se observa haciéndose la pregunta “¿quién soy?” y al mismo tiempo respondiéndose “he de tener como veinticuatro o veinticinco años, pero no comprendo qué hago aquí”. Todo parecía tan extraño, la muchacha no podía recordar nada en absoluto, incluso podía leer los letreros de los comercios que se divisaban en los alrededores del parque, por encima de los árboles, pero para ella, carecían de significado o de alguna pista que le sirviera para poder recordar algo.

Miró en su reloj la hora (4:20pm) y observó que alguien se acercaba, era un joven cuyo aspecto parecía el de un estudiante, al momento en el que pasó en frente de Sofía, ésta se dirigió a él: “disculpa, ¿me puedes decir en qué lugar me encuentro?”. Aquél extraño no tomó importancia al hecho por pensar que se tratara de una broma, así que continuó con su camino, girando únicamente la cabeza hacía atrás para verificar si la reacción de quien le había hecho esa pregunta tan rara era de alguien que quería jugarle una treta o si en verdad necesitaba ayuda, pero como no percibió nada, prefirió alejarse. Lo anterior confundió aún más a la chica.

Por un momento llegó a sentir desesperación. Se llevó las manos al rostro y casi estalla en llanto cuando escucha los pasos de alguien que se acerca, levanta la cara y ve a dos muchachos con un balón de futbol, a quienes de nueva cuenta, como en el caso anterior, pregunta “perdón, ¿saben qué lugar es este, saben qué hago aquí?”, a lo que aquellos aparentes aficionados al balompié, responden con una carcajada que no puede ser escondida, la toman por loca y se van pateando el balón y posiblemente comentando el incidente tan “gracioso”. Esta vez rompe el equilibrio de aquél lugar con un sollozo y unas cuantas lágrimas que se deslizaron por las mejillas chapeadas y no quería moverse de donde se encontraba porque pensaba que se iba a contrariar más, al menos ahí estaba con gente alrededor aunque no le tomaran en cuenta y sin saber cómo había llegado hasta éste parque.

Las hojas secas de los árboles crujieron al ser aplastadas por alguien que iba caminando, lo que hizo que Sofía volteara hacia donde se escuchaba el ruido, vio a la persona que iba caminando, pero esta vez se dio por vencida y decidió no acercarse a aquél hombre, argumentando que iba a suceder lo mismo o algo peor que en los dos casos previos a un posible tercero.

Salvador, que vestía un traje azul marino, la vio y se percató que estaba en alguna dificultad y en esta ocasión fue él quien se acercó a ella. “¿Puedo ayudarte en algo?” fue la pregunta que el hombre hizo a Sofía, quien reaccionó con extrañeza, ya que era todo lo contrario a lo que esperaba y no tuvo que pedir ayuda, sino que llegó a ella. Permaneció unos segundos sin articular palabra alguna para después decir “sí, no sé en dónde estoy ni cómo llegué aquí”; sorprendido pero sin demostrarlo, el hombre del traje se puso en cuclillas y tomó las manos de quien hizo la pregunta, lo que le inspiró confianza a ella y le dijo “no te preocupes, yo voy a ayudarte, sólo es cuestión que vengas conmigo”. Los ojos color miel parecieron llenarse de vida una vez más al oír estas palabras, aunque al mismo tiempo dudó en aceptar aquella tentadora oferta del extraño, quien de nueva cuenta y casi sin dejar oportunidad de pensarlo, volvió a lanzar dicha oferta no con otra intención que la de ayudar a la afectada. Al sentir aquella presión, que a decir verdad no la percibió como tal y después de analizar pobremente al hombre, aceptó con un movimiento de cabeza casi imperceptible sin querer denotar el alivio que se alojó dentro de su pecho.

Salvador le ayudó a ponerse de pie tomándola por el antebrazo y el codo; una vez apoyado todo el peso en las dos piernas y sentirse firme, puso su mano sobre el brazo de él, que se encontraba formando un ángulo de noventa grados, esperando que hiciera justamente eso. Emprendieron el camino hacia donde pudieran ayudarla.

*La próxima semana, la siguiente entrega*

Tuesday, December 19, 2006

PENSAMIENTOS ONÍRICOS (SEGUNDA ENTREGA)

*Continuación de la entrada anterior*

Fondeaba música de The Beatles en el restaurante para que los comensales disfruten de sus alimentos, más específicamente la canción “In my Life”, aproximadamente a 6 mesas de distancia de donde se encontraba Sofía, se observa un periódico de renombre y según los que saben, es muy confiable, que es hojeado, teniendo como nota de Ocho Columnas: “Finalmente cae el Señor de los Sobornos”. Dicho diario se encuentra acompañado de una taza de café con el logotipo del lugar y unas cuantas gotas secas del mismo líquido, un plato que contiene mermelada en un cubito abierto y casi vacío y un bisquet a punto de terminarse, un libro, del cual puede leerse en la portada, con letras negras “Albert Camus” y un poco más abajo, en letras de color azul y más pequeñas, “El Extranjero”, teniendo como fondo una imagen de los Baños Padovani, en Francia.

Detrás del periódico “Reforma” se encuentra un hombre de apariencia tranquila y respetable, coincidiendo con el traje Christian Dior color azul marino, camisa azul de la misma marca y corbata color plata Hugo Boss, sin olvidar los zapatos lustrados impecablemente en color negro de esa fina zapatería Florsheim.

Empresario, socio de una franquicia de helados y dueño, fundador y presidente de una agencia de publicidad pequeña, pero que promete crecer mucho, claro, con los conocimientos que adquirió durante la carrera de Ciencias de la Comunicación que estudió con el apoyo de su padre, a quien cada que podía, no perdía la oportunidad de agradecérselo.

De aproximadamente unos 33 a 35 años de edad, y el cabello castaño que asemeja un césped recién podado y regado, debajo de esas cejas tupidas se encuentran unos ojos de color verde, casi miel, un poco más abajo, la nariz casi recta de no ser por un “huesito” que se asoma en la parte más alta de ésta. Definitivamente una persona que ha logrado mucho para los años que tiene, tal como se lo propuso en sus años de estudiante y como se lo prometiera a su madre.

Una vez terminado de leer las notas más importantes del diario, lo dobla por la mitad y lo posa sobre la mesa, a un costado del libro. Sorbe el café y termina el bisquet que había quedado esperando a ser comido. Mira a su entorno y casi de vuelta la mirada a su mesa, se percata, con un aire de asombro, pero también de intriga de la presencia de Sofía, quien aún se encuentra disfrutando de la limonada, casi por terminarse y en esta vez ya cambió de revista, de las que tiene una pila de aproximadamente 5 ó 6.

Aguzando la mirada, Salvador analiza a aquél ser que en ese instante le pareció perfecto, pero ahora solamente con esa intriga que al inicio se había empapado de asombro, además, deseando de alguna forma que dicho ser volviera aquellos ojos del color de la miel hacia donde él, así que continuó mirándola por un largo rato hasta que Sofía sintió que esa mirada penetrante y que pareciera imposible de hacerla cambiar de rumbo, se había clavado en ella. Por lo que se sintió un poco incómoda, pero esto no influyó en que continuara con su actividad, pero antes de hacerlo, el hombre de traje esbozó una sonrisa hacia la chica. Únicamente se movió Salvador para darle un sorbo al café y lo devolvió al sitio de donde lo tomó.

Aquél analizador parecía encontrar cada vez más cosas nuevas, anhelando al mismo tiempo ver una respuesta de parte del ente que estaba siendo examinado. Consigue una respuesta que a cualquier persona le parecería primero de rechazo, pero observándola bien, de cierto miedo, tal vez a lo desconocido, a personas distintas y con otro estilo de vida al que se está acostumbrado, de no saber cómo pueden actuar ante determinadas situaciones, teniendo un ligero tinte de incomodidad, para volver los ojos a la revista, pero con la mirada perdida, como tratando de esconderse, es decir, únicamente para mirar a cualquier lado menos a esa mesa del diario, el libro y el café; pero al empresario joven le pareció una respuesta que tal vez le daría la oportunidad de conocer mejor a aquella persona, pero antes de cualquier cosa, decidió irse con precaución y asegurarse bien de sus actos.

Según su pensamiento, tendría que aguardar por una tercera vez a que fuera observado y entonces sí dirigirse hacia aquella mesa y “actuar”. Esa tan ansiada tercera vez llegó casi de inmediato, lo que lo puso nervioso, pero a la vez seguro de sí mismo.

Miró su reloj Tag Heuer que marcaba las 4:22pm, que como acostumbran algunas personas que son un poco ocupadas, deciden adelantar la hora en promedio 10 minutos para llegar a tiempo a sus citas o hacer alguna otra actividad con tiempo, dio un último sorbo a la taza de café antes de erguirse y ponerse en marcha, pensando en muchas cosas, tal vez sólo serían amigos, pudiera ser que formalizaran alguna relación, incluso llegó a pensar que podría, después de conocerla bien, proponerle matrimonio, en fin, se imaginó infinidad de posibilidades, todas apuntando a que tendría éxito si se acercaba hacia ella, pero nunca contempló lo contrario, claro, nadie puede pensar en algo que se tiene mucha esperanza y que todavía no inicia como algo negativo.

En la otra mesa, se hallaba Sofía, escondiendo la cabeza como avestruz, pero en vez de que fuera en la tierra, ella lo hizo en su revista, y digo como avestruz porque estas aves piensan que una vez oculta su cabeza debajo de la tierra nadie percibirá su presencia, del mismo modo pensó la chica modelo.

*La próxima semana la siguiente entrega*

Tuesday, November 28, 2006

PENSAMIENTOS ONÍRICOS

Sofía se encuentra en un conocido y lujoso lugar que le recomendó su compañera de cuarto, un restaurante de la ciudad de México, lugar a donde llegó de su natal San Luis Potosí en busca de una oportunidad laboral como modelo, su pasión.

Ha tomado algunos cursos y ha leído en revistas de este tipo algunos consejos que podrían ayudarle. Confía mucho en obtener algo pronto, es una joven bella, de esa belleza que no se encuentra en las grandes ciudades, belleza provinciana, sin esa carga de estrés que agobie su rostro, el cual es hasta cierto punto, puro y rosado, haciendo contraste con el negro de su cabello alargado hasta 10 cm. debajo de los hombros y el color miel de sus grandes ojos, sin olvidar la finura un poco exagerada de la nariz. Todo esto en conjunto produciría armonía si no fuera (según Sofía) por el lunar en la mejilla, que a decir de ella misma, si pudiera se operaría para eliminarlo, tal vez todo lo contrario de lo que un hombre pensaría.

Vino a este lugar porque, según Esther, su compañera de cuarto, posiblemente aquí podría encontrar a alguien que la ayudara a conseguir una oportunidad. De unos 25 años aproximadamente, una blusa color blanco abotonada hasta la altura del busto, pantalón kaki y unos cómodos tenis en color camel, parecen hacerla sentir muy fresca.

Ordena algo ligero a la mesera que se acerca y pregunta “¿qué va a ordenar?”, cuyo uniforme color rosa muy tenue con blanco, contrasta con la dureza de su cara (así le parece a Sofía); únicamente quiere refrescarse un poco y pide una limonada con hielos, mientras hojea una de esas tantas revistas que disfrutaba demasiado al lado de sus amigas, quienes tenían los mismos anhelos que ella y a quienes de vez en cuando llama para saber de ellas y contarles lo “extraña”, según la chica, que es la gente en la ciudad, nada comparado, también según ella, con la gente potosina, quien dice, se distingue por su amabilidad.

La mesera (Raquel), cuyo nombre puede leerse en el gafete negro con letras blancas le trae su orden servida en un vaso de vidrio grande con el nombre del restaurante grabado en el mismo y un popote envuelto en papel con publicidad de aquél lugar. Sofía rompe el papel que cubría al popote y lo introduce en la limonada, después de agitar un poco la bebida y de que los cubos de hielo hicieran un poco de ruido al tintinear con el vidrio del vaso, comienza a darle pequeños sorbos al popote, agradece a Raquel (quien hace algunas anotaciones en una libreta pequeña) con una sonrisa, esperando recibir como respuesta otra igual, tal como se acostumbra en su estado natal (casi en todo el interior de la República Mexicana) pero esta vez, la mesera, un poco mal encarada, se limita a “se le ofrece algo más”, para después de recibir una respuesta negativa, irse con un aire de indiferencia, “…y apenas empieza mi turno” pensó, justamente cuando el reloj blanco con números grandes y negros, al igual que las manecillas, que adornaba una de las paredes color salmón recién pintadas para dar una mejor imagen a los clientes del restaurante marcaban las 4:05 pm.


*Estaré publicando fragmentos de un guión literario que escribí y que serán consecutivos por semana (para que le agarren el hilo)*